Cuando uno ve la inmensa obra realizada por una sola persona queda verdaderamente asombrado. María Moliner es una de ellas. La aragonesa tras años de arduo, duro, intelectual y constante trabajo logró, ella sola –tuvo colaboradores, obviamente, pero ella dirigió, redactó y corrigió la obra- logró publicar en varias etapas un Diccionario que ha hecho historia, no sólo en España sino en el Mundo.
Su trabajo hercúleo sigue siendo objeto de admiración por todos.
Casada y con cuatro hijos y con varios nietos, trabajó incansablemente. Incluso en los veranos su jornada de trabajo era de sol a sol, incluyendo además las tareas del hogar.
¿Cómo pudo hacer una persona una obra tan colosal como el Diccionario de uso del español, más popularmente conocido como el María Moliner? Desde luego, parece casi imposible. No sólo se trata de un trabajo riguroso, y detallado, sino además prodigioso desde el punto de vista de la Lengua. Una única persona clasifica y define TODAS las palabras de un idioma tan amplio como el español. Increíble.
No cabe duda que María Moliner está a la altura de los Grandes de Aragón, entre otros, San José de Calasanz, Francisco de Goya, Miguel Servet, Joaquín Costa o Luis Buñuel.
Sin embargo, y pese a todos sus merecimientos María Moliner no llegó a ser Académica de la Lengua. Hubiera sido la primera mujer de la Historia en serlo. Fue propuesta para esa magna distinción por tres académicos Pedro Laín Entralgo, Rafael Lapesa y el Duque de la Torre, pero su candidatura fue derrotada, entre otros motivos por frases tan poco gratificantes como las de Camilo José Cela calificando su obra como de “ñoñería”.
María Moliner afirmó que el Diccionario era su inseparable compañero
Desde luego, lo que está claro es que María Moliner trabajó concienzudamente para crear un Diccionario único en el mundo.
En una espléndida biografía realizada por la periodista Inmaculada de la Fuente, recientemente publicada “El exilio interior. La vida de María Moliner”, afirma que “el Diccionario es su inseparable compañero. Solo ella puede llevarlo a cabo. Todo él está en su cabeza. No se trataba de hacer un Diccionario más. Uno de sus mayores empeños fue revisar las definiciones de la Real Academia, redactar de nuevo y relacionarlas entre sí por familias. Una obra titánica”.
Para María Moliner se trataba de “enseñar a usar el español”. Con más de doscientos cincuenta mil ejemplares vendidos, el María Moliner es ya un clásico de la cultura española del siglo XX.
Su no reconocimiento como Académica queda ampliamente superado por su magna obra, apreciada por todos.
María Moliner, titánica e infatigable lucha por facilitar a todos el Uso del Español. Gloria eterna, en definitiva, para la filóloga aragonesa.
Ha llegado la Primavera. Estamos radiantes. Optimistas. Llenos de calor. Y de colores. Colores alegres, llamativos, deslumbrantes.
Entusiasmo por la Luz.
Nuevos horizontes, nuevas esperanzas.
Más y potente luz. Más pasión. Más comunicación.
El día se alarga. Los pensamientos también. Dejaremos atrás la rutina diaria. Nuestros sueños se convertirán, al fin, en realidad. Comenzamos una nueva etapa. Se nos altera la sangre, diría el poeta.
Consagrémonos a la Primavera. Eterna. Y alegre.
Igor Stravinsky hizo algo parecido con la música. Con la música clásica. Aletargada con siglos sin aparente renovación, el compositor ruso dio nuevos bríos a la música culta. Con su obra maestra “La consagración de la Primavera”, produjo un mundo nuevo. Distinto. Aunque como toda nueva iniciativa también tuvo sus críticos. Acerados críticos que no soportaban la novedad en la música clásica.
Una nueva cultura había comenzado. El siglo XX apareció de repente.
La Primavera de Sandro Botticelli
Ya todo iba a ser diferente. Lo común iba a ser lo distinto. Nuevos sonidos.
La Música con letras mayúsculas.
El supuesto frío y calculador intelectual ruso, asombraba a todos con una música brillante, difícil pero al mismo tiempo amena, con tempos no conocidos. Curiosidad mundial. Lo desconocido deslumbrante. Lo nuevo y atractivo. Las nuevas cadencias irrumpían con desenfreno y alevosía.
La Música como elemento de discusión intelectual. ¿Por qué una nueva era musical? ¿Estaban agotados los sonidos? ¿Nuevos movimientos para oídos nuevos?
Lo cierto es que todas las Artes ya habían experimentado una nueva y atrayente vida con las Vanguardias artísticas: la Pintura, la Escultura y la Arquitectura mundial fueron otras tras la irrupción de las nuevas tendencias del siglo XX: Cubismo, Futurismo, Abstracción…
La Música tenía que tener también “su” Revolución. Pacífica, pero revolución.
Y nadie mejor que las vanguardias rusas para iniciarla. Ritmos nuevos diferentes. Inexistencia de elementos repetitivos. Sonoridad extrema. Fuerte. Dura. Brutal. Rupturista.
Su estreno hace ahora casi un siglo, en París fue todo un acontecimiento. Aunque la coreografía de Nijinsky creada para los Ballet Rusos de Diaghilev hiciera suponer un triunfo arrollador, lo cierto es que los oídos románticos, barrocos y neoclásicos de los parisinos no estaban acostumbrados para ello. Y en la segunda parte de la obra, los abucheos fueron constantes, ante “la sucesión estruendosa de ritmos y sonidos”.
Pero todo cambió. Ya nada fue igual. Había comenzado el siglo XX para la música. Y continuó hasta nuestros días.
Stravinski se atrevió. Y se consagró mundialmente. ¿Difícil de seguir y de escuchar? Tal vez. Pero nueva, distinta. ¿Estridente? Quizás, pero novedosa.
Definitivamente, debemos consagrarnos a la Primavera. Sus sonidos, sus visiones y nuestras ilusiones son distintos.
Hace pocos días han sido designados los Premios Canarias 2011: en Patrimonio Histórico, Antonio Tejera Gaspar, en Investigación e Innovación, Wilfredo Wildpret de la Torre, y en Bellas Artes e Interpretación, la Sociedad Filarmónica de Las Palmas.
Antonio Tejera Gaspar, nació en El Río (Arico). Es Catedrático de Arqueología de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna. Imagino a Tejera Gaspar de niño, y de adolescente, leyendo todo lo que caía en sus manos. Su curiosidad y afán por saber siguen intactos.
Tuve la inmensa suerte de ser alumno suyo. Siempre decía que al oir la primera clase de D. Jesús Hernández Perera, en el primer año de sus estudios de Licenciatura pensó: “Me gustaría ser como él”. El Catedrático de Historia del Arte Hernández Perera, además de gran investigador era un profesor con una oratoria magistral. Sus clases eran seguidas por infinidad de universitarios, muchos de ellos de Carreras distintas a la Historia, pero que habían escuchado de la magnificencia de sus clases y se incorporaban a las mismas.
Yo, modestamente, debo decir que cuando terminó la primera clase de Tejera Gaspar, dije: “Es el gran maestro, al que todos nos gustaría parecernos”. Cuando estaban a punto de empezar todas sus clases la alegría nos invadía. Cuando estaban a punto de terminar todas sus clases, decíamos: “Qué pena, ya se acaba”.
Es difícil, seguro, encontrar en toda la Universidad español, catedráticos del prestigio académico, valía científica, dedicación por sus clases, y pasión por sus alumnos como al Profesor Tejera. Es uno de esos profesores que uno ama, adora.
Campus de Guajara
Sus clases adoptaban el clasisismo formal universitario – siempre sin un solo papel – al modernismo del Power Point.
El elegante puente romano de Alcántara alcanzaba aún más belleza con sus explicaciones.
¿Tartessos existió? Sí, Tejera “estuvo” allí.
La mínima escultura de un sacerdote gaditano, adquiría grandeza con la fuerza y empuje intelectual de Tejera Gaspar.
La idiosincracia y el conocimiento de los primitivos canarios sería otra sin la magna obra del arqueólogo canario.
Todas y cada una de las cuevas de los primitivos canarios ha sido visitada/investigada por Tejera.
Recuerdo también su magistral lección en la entrega de los títulos de Licenciados en Historia. Fui un discurso oratorio lleno de versatilidad con el lenguaje, alegre, ameno, divertido y culto.
Hay veces que los Jurados aciertan de pleno. Y una de ellas, ha sido valorar en su justa medida el trabajo intelectual y la valía personal del ariquense.
A todo ello, hay que Tejera Gaspar es una persona comprometida. Compromiso con la Universidad, y con la sociedad.
Si los Premios Canarias han sido otorgados a científicos de relevancia y estudio con nuestro Patrimonio Histórico, al ensalzar a Tejera Gaspar, el Maestro, se ha llegado al culmen.
La sociedad canaria tiene el orgullo de contar con uno de los Grandes. Y además, ser reconocido.